Y no son los conocidos como gratuitos. Aplausos para la iniciativa. Por segundo año consecutivo el Departamento de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalitat regala una suscripción para el periódico El País a los jóvenes que cumplan 18 años en este año. Podrás estar más o menos de acuerdo con la ideología editorial de esta cabecera de renombre, pero el incentivo merece la pena. Envidia malsana por ver este tipo de propuestas... ¡¡Andaluces levantaos!!.
Leer la noticia aquí.
11 septiembre, 2009
04 septiembre, 2009
La Sierra de Sevilla regresa al medievo
La población de Alanís de la Sierra celebra desde hoy y hasta el domingo unas jornadas medievales de las que marcan una época. Y nunca mejor dicho. Todo el pueblo se transforma; desde el vestuario de sus habitantes, hasta las calles y comercios que recobran una fotografía de hace más de 5 siglos. Si os apetece desmarcaros, nos veremos allí.01 septiembre, 2009
¡Propósitos para el curso: día 1!

No creo en los primeros de enero y si pudiera, culpabilizaría al Corte Inglés del invento. Ya lo sé. No es el caso y el día de Año Nuevo además viene con un posit pegado en los puñeteros árboles de Navidad para que te hagas un harakiri reflexivo (lo de puñetero es porque lo nuestro es el nacimiento...). Hay que joderse con las propuestas... Gimnasios, dieta, idiomas, viajes, visitas, estudios. En fin, el día 10 de enero, con la nariz colorada y el clinex rehusado en el pantalón de pana con listas verdes, volvemos al tajo con la percepción de que nuestro destino diario nos va a dificultar lo que escribimos en aquel posit mental. Vamos, que todo lo que dijimos antes de las doce uvas, en su mayor parte, no lo cumpliremos porque el curso ya está más que empezado. ¿Alguien se acuerda de sus promesas hace nueve meses?
Por eso, y con el consentimiento del Corte Inglés -ahora sí- en vez de carteles con: "La vuelta al cole" en los que aparecen niños descojonados y deseosos por aprender matemáticas, abogo por un cambio de vida el 1 de septiembre de cada año. Sería algo así: "9 meses por delante para soñar". Suena al cuponazo de la ONCE... No te obceques. En serio. La idea es lo que cuenta ¿Sentido? algo más, sí que tiene. Después de los 30 ó 15 días de vacaciones de siempre (en el peor de los casos habrá que esperar algunas semanas más) el trabajo se muestra renovado. Siempre es distinto. Algo cambia. Amigos a tu lado, mobiliario o las postales que cuelgan de los frigoríficos de las áreas de descanso. Entonces, ¿Por qué no soñar desde el principio del curso?
31 agosto, 2009
El taxista de la Ronda
Hazme el favor tunante. Primero: enciende el vídeo de arriba. Entonces al lío:
Son las 9:30 de un día culaquiera. Venga vale, los comienzos de los cuentos siempre me los saltaba y leía o la gresca -como dice el vecino del bajo de mi piso- o la moraleja. Concretando sería la palabra que utilizaría mi profesor de filosofía del instituto. En fin, la historia ha ocurrido hace unas horas. Hoy se acaban las vacaciones para el común de los españolitos y uno que ha estado durante un mes Ronda de Capuchinos pa´rriba y pa´bajo con el coche lo ha notado y mucho. Hoy había mucho de todo. Los camiones de cervezas repletitos de barriles, la gente con carpetas azules de gomillas pasadas camino del banco, el taxista de la Ronda -quédate con el pseudónimo-, los semáforos pecadores que se alían con los 40º para que esperes y esperes en los cruces, las terrazas de los bares en el desayuno con aforo completo, el taxista de la Ronda...
Si vas escuchando el buzón contestador del programa siglo XXI de Radio3 no puedes sino evadirte por un rato. Si a esto le añades como aditivo, una canción undergrown -léase raro- de las que ponen en este espacio radiofónico tiene el mismo efecto apaciguador que el hachís. Es gratis y no perjudica. Bueno, miento...
... Mi nirvana hispalense de esta mañana se vio entorpecido por un taxista, sí, el de la Ronda. Iba el tío celebrando la victoria del motorista Jorge Lorenzo o yo qué sé por encima de la línea divisoria de los dos carriles. Uno no quiere que su efecto hipnotizador matinal con la musiquita se acabe por nada. ¿Y qué hace? Pues eso, nada. Esperas. Hasta que llegas a la mitad de la dichosa avenida con un tipo... Digamos, wevón -el diccionario panispánico de dudas en este post no lo utilizamos, gracias-.
La imagen que veía del personaje: brazo colgado por fuera de la ventanilla acariciando la chapa del taxi blanco. En sus dedos índice y corazón le quedaban dos fumadas de un cigarro. El otro brazo dirigía el auto sujetando el volante por la parte superior. Justo cuando mi clímax musical estaba caminando por la muralla de la Macarena, golpeé suave mi claxon para que se decidiera por el carril de la derecha o el de la izquierda. Una cosa normal, vamos. Pues para qué hice nada, ¿si todo estaba en orden? Tras el sonido de mi coche, medio cuerpo del taxista apareció por la misma ventanilla donde tenía el brazo con el que estaba fumando y empezó a largar una ristra de insultos al más puro estilo sevillano: abreviando y juntando todas las palabras.
¿Qué hacía yo? Pues eso, nada. Sólo que en mi colgadura musical no hice otra cosa que reirme. Era contraproducente para mi salud porque el cuerpo del taxista podía verlo completamente fuera, su coche seguía como funambulista por la línea divisoria de la calzada, y yo, me reía a carcajadas; no podía parar. Lo adelanté en un acto de lucidez para presenciar, momentos después, como aquél Citröen hacía lo mismo conmigo para seguir en su inventiva, monotemática y agresiva terapia contra mí. Mi risa paró. Y fue cuando me percaté de que quizás él estaba escuchando mi misma emisora y le molestó mucho que rompiera su silencio, que eran sus dos últimas bocanadas a pulmón de aquel cigarrillo rubio o de su pasear a su antojo por una Ronda que recobra poco a poco su tránsito normal. No sé lo que le pasó, pero más allá de una cámara oculta creo que era su primer día de trabajo en la ciudad.
Son las 9:30 de un día culaquiera. Venga vale, los comienzos de los cuentos siempre me los saltaba y leía o la gresca -como dice el vecino del bajo de mi piso- o la moraleja. Concretando sería la palabra que utilizaría mi profesor de filosofía del instituto. En fin, la historia ha ocurrido hace unas horas. Hoy se acaban las vacaciones para el común de los españolitos y uno que ha estado durante un mes Ronda de Capuchinos pa´rriba y pa´bajo con el coche lo ha notado y mucho. Hoy había mucho de todo. Los camiones de cervezas repletitos de barriles, la gente con carpetas azules de gomillas pasadas camino del banco, el taxista de la Ronda -quédate con el pseudónimo-, los semáforos pecadores que se alían con los 40º para que esperes y esperes en los cruces, las terrazas de los bares en el desayuno con aforo completo, el taxista de la Ronda...
Si vas escuchando el buzón contestador del programa siglo XXI de Radio3 no puedes sino evadirte por un rato. Si a esto le añades como aditivo, una canción undergrown -léase raro- de las que ponen en este espacio radiofónico tiene el mismo efecto apaciguador que el hachís. Es gratis y no perjudica. Bueno, miento...
... Mi nirvana hispalense de esta mañana se vio entorpecido por un taxista, sí, el de la Ronda. Iba el tío celebrando la victoria del motorista Jorge Lorenzo o yo qué sé por encima de la línea divisoria de los dos carriles. Uno no quiere que su efecto hipnotizador matinal con la musiquita se acabe por nada. ¿Y qué hace? Pues eso, nada. Esperas. Hasta que llegas a la mitad de la dichosa avenida con un tipo... Digamos, wevón -el diccionario panispánico de dudas en este post no lo utilizamos, gracias-.
La imagen que veía del personaje: brazo colgado por fuera de la ventanilla acariciando la chapa del taxi blanco. En sus dedos índice y corazón le quedaban dos fumadas de un cigarro. El otro brazo dirigía el auto sujetando el volante por la parte superior. Justo cuando mi clímax musical estaba caminando por la muralla de la Macarena, golpeé suave mi claxon para que se decidiera por el carril de la derecha o el de la izquierda. Una cosa normal, vamos. Pues para qué hice nada, ¿si todo estaba en orden? Tras el sonido de mi coche, medio cuerpo del taxista apareció por la misma ventanilla donde tenía el brazo con el que estaba fumando y empezó a largar una ristra de insultos al más puro estilo sevillano: abreviando y juntando todas las palabras.
¿Qué hacía yo? Pues eso, nada. Sólo que en mi colgadura musical no hice otra cosa que reirme. Era contraproducente para mi salud porque el cuerpo del taxista podía verlo completamente fuera, su coche seguía como funambulista por la línea divisoria de la calzada, y yo, me reía a carcajadas; no podía parar. Lo adelanté en un acto de lucidez para presenciar, momentos después, como aquél Citröen hacía lo mismo conmigo para seguir en su inventiva, monotemática y agresiva terapia contra mí. Mi risa paró. Y fue cuando me percaté de que quizás él estaba escuchando mi misma emisora y le molestó mucho que rompiera su silencio, que eran sus dos últimas bocanadas a pulmón de aquel cigarrillo rubio o de su pasear a su antojo por una Ronda que recobra poco a poco su tránsito normal. No sé lo que le pasó, pero más allá de una cámara oculta creo que era su primer día de trabajo en la ciudad.
29 agosto, 2009
La tiranía de los medios
Si no pasa nada. Por todos es sabido que cada uno barre para su casa en el ejercicio reconocido del derecho a informar. Por eso, los titulares nos secuestran una primera visual que hace la valoración sin entrar en el cuerpo de la noticia. El ejemplo:
El Correo de Andalucía titula: "El Parque del Alamillo ofrece un nuevo aparcamiento de 355 plazas"
El ABC hace lo propio: "El Ayuntamiento se gasta más de 600.000 aparcamientos en el Alamillo"
¿Qué? La leche, ¿no? Claro. La tiranía de las palabras -libro del periodista Alex Grijelmo- es esencial para que el lector se haga una idea de la bondad o despilfarro del Consistorio hispalense. No hay moraleja. Tampoco doblestintas. La cuestión es leer el cuerpo de la noticia para esclarecer TODO. Bajo el titular alarmante del periódico ABC, la información subraya la importancia de la construcción del aparcamiento en este enclave tan visitado por los sevillanos. En fin, una de tantas. Esta vez, el mago no hizo bien la ilusión...
El Correo de Andalucía titula: "El Parque del Alamillo ofrece un nuevo aparcamiento de 355 plazas"
El ABC hace lo propio: "El Ayuntamiento se gasta más de 600.000 aparcamientos en el Alamillo"
¿Qué? La leche, ¿no? Claro. La tiranía de las palabras -libro del periodista Alex Grijelmo- es esencial para que el lector se haga una idea de la bondad o despilfarro del Consistorio hispalense. No hay moraleja. Tampoco doblestintas. La cuestión es leer el cuerpo de la noticia para esclarecer TODO. Bajo el titular alarmante del periódico ABC, la información subraya la importancia de la construcción del aparcamiento en este enclave tan visitado por los sevillanos. En fin, una de tantas. Esta vez, el mago no hizo bien la ilusión...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


