¡Paren el mundo! (es sólo un momento). Se pueden romper las barreras babelianas. Se puede ser internacional sin dominar otra lengua que difiera de la tuya. Sin diccionarios o traductores. Se puede cantar sin acertar ni una palabra de la letra. Se puede viajar sin pasaporte. Gratis. Abriendo puertas y mentes. Pero no se puede escuchar un acorde o el zumbido de un tam-tam sin que tu pie teorice sobre qué movimiento debe hacer: ascendente o descente. No se puede detener el balanceo de las caderas, el compás de unas palmas.
Te puede gustar más o menos, pero es lo único -y que me disculpen los mundiales de fútbol- que mueve a las masas sin tener en cuenta las políticas religiosas o sociales que haya en un país determinado. Es una manera de aunar, de solidarizar, y por qué no, de creer en la esperanza de un mundo mejor. Un proyecto interesante... Es música.
Te puede gustar más o menos, pero es lo único -y que me disculpen los mundiales de fútbol- que mueve a las masas sin tener en cuenta las políticas religiosas o sociales que haya en un país determinado. Es una manera de aunar, de solidarizar, y por qué no, de creer en la esperanza de un mundo mejor. Un proyecto interesante... Es música.
